TRES DÍAS EN SEVILLA
Día 1
Era un viaje que rondaba mi mente
desde hace algún tiempo porque mi abuelo decía que Sevilla era lo más bonito
que habían visto sus ojos.
Cogimos un vuelo en El Prat que
salía cinco minutos antes de las siete de la mañana, por lo que a las ocho y
media ya estábamos en el aeropuerto sevillano. Desde allí cogimos un autobús
(no sé si hay alguna otra manera de llegar al centro, a parte del taxi) que
costaba 4 euros por persona y tarda, aproximadamente, media hora.
Este autobús tiene distintas paradas
en la ciudad, pero el día que llegamos la última era Sevilla – Santa Justa
porque había una maratón que nos desmontó los planes, pues, evidentemente,
tampoco circulaban buses urbanos ni taxis y tuvimos que ir caminando desde la
estación más famosa de Andalucía hasta el barrio de La Macarena, que era donde teníamos el hotel.
Una vez con las pilas cargadas
fuimos caminando, unos veinte minutos, hasta el centro de la ciudad, donde nos
dejamos inundar por el compás sevillano de la Calle Sierpes, la Plaza
Nueva, la Giralda, el Archivo de Indias hasta la Puerta de Jerez y los Jardines de Cristina.
Rondaban las doce del mediodía y, por casualidad, en la misma Puerta de Jerez empezaba un free tour de los que estoy enamorada y adelantamos una de nuestras visitas e hicimos el recorrido del barrio de Santa Cruz, visitando el Patio de banderas, el Hospital de los venerables, el callejón del Agua, la calle Susona, la plaza de Santa Cruz y la Iglesia de Santa María La Blanca.
La guía nos recomendó comer por
la calle Mateos Gago, porque, aunque
había algún bar o restaurante enfocado a los turistas, la mayoría era para
gente local y acabamos en la Taberna
Álvaro Peregil, la cual os la recomiendo mil veces. Obligatorio el
salmorejo que sirven, las migas y el vino de naranja.
A las cuatro empezaba otro Tour
que había reservado con antelación con la compañía Heart of Sevilla (menos el primero, el resto de tours los hicimos con ellos). El
recorrido Sevilla Monumental que
empezaba en la Plaza de la Encarnación
(o Las Setas) visitaba El Salvador, el Ayuntamiento, el Archivo de
Indias, el Alcázar de Sevilla, el
Triángulo Patrimonio de la Humanidad,
la Fábrica de Tabaco y terminaba en
la joya de Sevilla: la Plaza España y
el Parque María Luisa.
Nos quedamos sin palabras al ver
tanta majestuosidad y belleza inefable en una plaza y nos sentamos, cual buenas
turistas, en el banco de nuestra provincia. Además, en aquel momento había un
hombre tocando una flauta de pan y el ambiente que se respiraba era inconmensurable
y melifluo.
No nos pudimos detener todo el
tiempo que nos hubiera gustado porque a las siete menos cuarto teníamos otro
tour llamado El río y Triana: América,
flamenco, toros, ópera y religión cuyo punto de partida era la Torre del Oro. En el tercer y último
tour del día (no del viaje) visitamos la propia Torre del Oro, el Hospital
de la Caridad, la Maestranza, la
Torre de Plata, el Puente de Triana y el barrio al que
debe el nombre. Asimismo, no pasamos por alto de la Calle Betis y de algunas iglesias que hay por allí, como la Iglesia de Santa Ana.
Con la broma, ya eran casi las nueve y media. Cogimos un taxi que nos llevó de vuelta a La Macarena y cenamos por allí y así, entre tapa y tapa, pusimos fin al primer día que, recordemos, había empezado bien temprano en El Prat.
Día 2
El segundo día empezó en el Bar Plata con otras porras con
chocolate y con una tosta de jamón. Después de cargar las pilas, cogimos un bus
que nos llevó hasta la Torre del Oro
que la visitamos porque era lunes y el primer día de la semana es gratuito,
pero que, realmente, no vale demasiado la pena. De hecho, las vistas
desde arriba no son excesivamente buenas y lo que hay dentro son distintas
maquetas de barcos y retratos de distintos monarcas.
Nos relajamos en la orilla del Guadalquivir y, aún siendo febrero,
pudimos ir en manga corta. Qué placer, el del sur.
A las doce y media empezaba el último Free Tour de nuestro viaje, La Macarena: de Sevilla al cielo, que iba a visitar algunas de las iglesias más antiguas de Sevilla, la Alameda de Hércules, la Calle Feria, el Omnium Santcorum y La Macarena.
A las doce y media empezaba el último Free Tour de nuestro viaje, La Macarena: de Sevilla al cielo, que iba a visitar algunas de las iglesias más antiguas de Sevilla, la Alameda de Hércules, la Calle Feria, el Omnium Santcorum y La Macarena.
De ahí, fuimos otra vez al barrio de Santa Cruz a perdernos por
sus callejones y a visitar, por dentro, la Iglesia
de Santa María La Blanca, porque el día anterior nos quedamos solo con su
fachada y vale la pena, diferente a todo edificio religioso y con esencia del
sur. Y su interior, cabe decirlo, nos sirvió de refugio para la lluvia que
empezaba a caer, pero que se disipó al poco tiempo.
Del barrio judío fuimos hacia Las
Setas para subir al mirador. La entrada cuesta tan solo tres euros e
incluye un refresco en un bar cercano y un obsequio de la tienda de recuerdos
que es una postal de Sevilla. La verdad es que el edificio puede desentonar un
poco con la composición de la ciudad andaluza, pero las vistas desde ahí son
casi de cuento.
La tarde ya caía y fuimos hacia
la Calle Céspedes, a La Carbonería, un lugar donde se ofrece
un espectáculo de flamenco gratuito, ideal para aquella gente que va a la
ciudad y que no está dispuesta a pagar 30 ó 40 euros, pero que no se quiere ir
sin disfrutar de este arte. Allí se puede cenar, el precio es razonable, pero,
la verdad, no he ido a Sevilla para comer nachos pudiendo tener papas aliñás o
tortillitas de camarones. Cuando fuimos nosotras no hacía ni chispa de frío ni
de calor, pero es más que probable que en los meses de verano estar allí sea
insoportable.
Así que, después del espectáculo,
volvimos a la Taberna Álvaro Peregil
y de allí, otra vez al hotel.
Día 3
Nuestro último día en esta ciudad
que nos tenía robado el corazón desde antes de llegar empezaba, como de
costumbre, en el Bar Plata con otras
porras con chocolate.
De allí, cogimos un autobús hasta
Plaza España y el Parque de María Luisa que no habíamos
podido ver en su totalidad el día anterior y permanecimos por allí y por sus
alrededores un largo rato. De hecho, incluso dio tiempo a que dos gitanas,
contra nuestra voluntad, nos acabaran leyendo las manos (la impresión que esto
me produjo, me la guardo para mí).

A continuación, fuimos a la Catedral de Sevilla que la teníamos reservada para el último día y no subimos a La Giralda, pues ya habíamos divisado la ciudad el día anterior desde Las Setas.
Paseamos un rato más por las
calles sevillanas, esquivando naranjas en el suelo y coches de caballos y
volvimos a llegar a Triana y
aprovechamos para comer por allí y, a poco a poco, irnos despidiendo de una de
las ciudades españolas con más encanto que he visitado con un amago de
melancolía.
Sobre las cinco de la tarde
cogimos el bus en la Estación Plaza de
Armas rumbo al aeropuerto y, de allí, a Barcelona otra vez.


Genial !!
ResponEliminaEntran ganas de ir...