Troyanas


Que Troya puede ser Alepo o cualquier otra ciudad devastada por el horror de una guerra ya lo sabía antes de que empezara la función y que el texto de Eurípides (versión a cargo de Alberto Conejero) continuaba vigente en la actualidad, también. Y que lo que me encontraría sería una oda a la paz y a las mujeres, también. Menos no se puede esperar de Portaceli, una de las directoras (por no decir las que más) más implicada en la causa de las mujeres. Una causa que, por cierto, es la de todos.

Sobre el escenario nos encontramos con una T (de Troya) gigante, una T que, para mi gusto, sobraba, porque si en la proyección que se hace sobre esa estructura son imágenes crudelísimas pero reales de la actual guerra de Siria, haciendo un claro paralelismo que no hace falta explicar, no entiendo el sentido de la T, como recordando que la acción pasa en la antigua ciudad turca, quizá una simple pantalla hubiera sido más eficaz para hacer llegar el mismo mensaje desgarrador.

Y también nos encontramos cuerpos sin vida envueltos en sábanas. Los muertos de Troya. O los muertos de cualquier barbarie.

Eneas saliendo de Troya, de Federico Barocci
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Los mitos griegos siguen, aún hoy, señalando los pecados del individuo contra el bienestar común, los momentos en que se deja llevar por los peores sentimientos y comete brutalidades o sigue el dictado de la ignorancia. Ayer, pero también hoy, las mujeres son, a menudo, las víctimas de esos ataques, violadas durante y después de la guerra, maltratadas o asesinadas pese a la ley, sometidas a la indiferencia y tratadas como ciudadanas de segunda en un mundo donde siempre hay problemas más importantes que su sufrimiento...
En este montaje, mujeres como Hécuba, Casandra, Helena, Andrómaca, Briseida o Políxena, es decir, las mujeres de Troya, toman la palabra para denunciar a quienes decidieron su destino en la más absoluta impunidad, quienes las violaron amparados en la guerra o quienes, simplemente, decidieron sin ni siquiera tenerlas en cuenta de qué manera debían pasar a la historia.

Una desdichada Hécuba, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón, que se mete a todo el público en el bolsillo desde que la obra empieza con un desgarrador grito de dolor por su parte. Un dolor que no es sólo su dolor, que es el dolor de todas las mujeres de Troya, un dolor que representa el dolor de las mujeres y los hombres que se ven envueltos en un conflicto de tal magnitud.

Y a su lado estuvieron unas correctas Pepa López, Gabriela Flores, Alba Flores, Ernesto Alterio (muy notable su interpretación) y Míriam Iscla cuyo trabajo esta vez ha sido muy reconocido por la crítica. También estaba Maggie Civantos, y no le perdono a Carme Portaceli que fuera por la vestimenta o por lo que fuera, que la vieja Hécuba destacara más y que desprendiera más clase, elegancia o magia que la bella Helena. Y Pablo, debo hacer referencia a la presencia de Pablo, el niño, que quizá sí daba un tono más melodramático a la situación, pero que lo rompía con su impasible actuación. Actuación, obviamente, normal en un niño de siete u ocho años.

En diferentes ocasiones Porteceli había ordenado que al drama de Hécuba lo acompañaran una serie de coreografías por parte de las actrices restantes, pero era el Teatre Grec (antes hubo sido el Teatro Romano de Mérida) a decenas de metros del escenario esos movimientos son incapaces de llegar con fuerza, o no con toda la fuerza que debería y que estoy segura de que las actrices disponían.

Representación en Mérida.
Poco importa ya que el título de la obra sea “Troyanas” y poco importa que se hable de Ulises o de Paris y que la acción haya tenido lugar hace siglos. Todos somos capaces de trasladar esa situación a la actualidad, de encontrar los muchos paralelismos que desgraciadamente hay. Encontrar el dolor, la desolación y la desesperación de las mujeres. Las olvidadas de los olvidados. Las que no tenían voz y continúan sin tenerla. Pero que existen. Que lucharon, luchan y lucharán. Porque hay muchas Hécubas en el mundo, aunque no se hable de ellas. 

Troyanas se estrenó en el 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, apareció el pasado día 30 de julio en el Teatre Grec de Barcelona, pasará en agosto por Sagunto y hará temporada en el Teatro Español de Madrid y probablemente volverán a Barcelona.






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