Claro que está


Parece que de los que se fueron
no se habla.

Porque si no se habla,
no duele.

Si ahora no está,
nunca existió.

Y si no existió,
no vivió                                                                                                                                                            
y no pudo morirse.

Pero que eso
es sólo
otra utopía más.

Porque está. 
Claro que está.

En las pequeñas cosas:
en cada gorra roja,
en cada siete de bastos
y en cada niña en bicicleta.

Está en cada zumo de piña por la mañana.

En cada vez que miro el reloj
y en cada noche antes de acostarme.

Está encadenado a mí.

A mí y a mi vida.

En mi vida
y en la de las mujeres 
que están a mi alrededor.

Está en los silencios.

En la tensión 
del día veintiuno de cada mes.

En cada hombre mayor.

En el vecino que sale a la calle
por las tardes
a tomar la fresca.

Está por todos lados.

En todas las calles.

Porque está.

Claro que está.

Aquí,
a mi lado.

¿No lo ves?






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